Los embarazos ajenos

Una de las peores situaciones que vive alguien que está viviendo la infertilidad, obviamente sin contar el tratamiento de reproducción en sí, son los embarazos ajenos. Y cuando hablo de embarazos ajenos no sólo me refiero a los embarazos de nuestros amigos o familiares, sino también de desconocidos. En mi caso me sucede que incluso cuando voy por la calle y veo a una mujer embarazada me atormentan las preguntas típicas y tópicas de ¿por qué ella puede y yo no? ¿cuando me tocará a mi pasearme con mi barriga, orgullosa, altiva..?, incluso me he dado cuenta de que cuando  paseo con mi pareja y se cruza con nosotros una embarazada, me distrae con alguna conversación para que no me percate yo, lo que él no sabe es que yo tengo una especie de radar y detecto automáticamente cualquier mujer embarazada que esté a un radio de un kilómetro, habría preferido tener el don de la invisibilidad ;).

Hace tres meses mi hermana pequeña tuvo a mi precioso sobrino, es el embarazo más cercano que he vivido, y aunque obviamente te hace feliz por tu hermana no dejas de tener esa sensación de que no vas a poder vivir su embarazo con naturalidad y con la ilusión que se espera. Es difícil compartir comidas familiares, quedadas para tomar el café, cuando prácticamente el único tema de conversación es el nacimiento de ese bebé, algo que tú ansias desde hace tanto tiempo. Una vez en una comida familiar, mi cuñado (es el típico cuñado que hay en todas las familias, el que cuenta chistes sin gracia, quién emite críticas constantemente, en fin, seguro que os suena esa figura), quiso oír el corazón de mi sobrinito y colocó un micrófono en la barriga de mi hermana. En ese momento hacía dos meses escasos que había tenido un aborto, y aunque obviamente nada se iba a oír, sentí una rabia enorme y tuve que contenerme unas lágrimas que sin duda habrían brotado a borbotones. Cuando mi hermana tuvo a mi sobrino, pensé que no podría acudir al hospital, dos semanas atrás había tenido mi tercer aborto, pero es mi hermana, así que hice de tripas corazón y acudí al hospital. Obviamente cuando vi aquella personita tan pequeña, tan frágil, me enamoré inmediatamente, pero si que es cierto que sientes en ese instante un gran vacío.

Es muy difícil gestionar estas situaciones, y creo que en realidad debemos respetarnos, es decir, sino nos sentimos preparadas no debemos pasar ninguna prueba de fuego, creo que mi hermana habría entendido perfectamente que no hubiera ido al hospital en ese momento, pero a veces te invade ese sentimiento de culpa tan difícil de controlar. En estos tratamientos es muy importante estar bien psicológicamente y permitirnos llorar cuando nos haga falta, y si en algún momento no podemos acudir al cumpleaños del hijo de tu mejor amiga, al bautizo del hijo de tu compañera de trabajo, o al hospital cuando nuestra hermana ha tenido a nuestro querido sobrino, porqué crees que esa situación te va a generar mucho daño, debemos ser un pelín egoístas, pensar en lo que es mejor para nosotras, y respetar nuestros sentimientos, estoy segura de que la gente que sabe por lo que estás pasando te quiere, y obviamente desea lo mejor para ti, así que estoy convencida de que entenderán que no acudas en ese momento.

“Que ser valiente no salga tan caro, que ser cobarde no valga la pena. (Joaquín Sabina)”

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