La espera de la donante

Hoy hace un mes que se inició la búsqueda de la superdonante, según nos comentaron en la clínica podía tardar entre dos y tres meses. Ademas de los fenotipos color de pelo, altura, peso, color de ojos y rh, en nuestro caso debe cumplir otro requisito, un requisito inmunológico, que obviamente hace más difícil la búsqueda, mi psicóloga de la clínica de reproducción asistida (ya comentaré en otro post lo del apoyo psicológico) lo compara con los cajones de las mercerías donde hay miles de botones y simplemente hay que buscar el que más se adecua a tu vestido.

foto botones

La verdad es que la espera se me está haciendo un poco larga, y a pesar de que sé que ahora toca la recuperación después de la última histeroscopia, no veo el momento de recibir la llamada de la clínica comunicándome que ya tienen donante. Al final en estos tratamientos siempre te acompaña el miedo, ahora en mi caso, miedo a que tarden en llamarme, una vez me llamen miedo a iniciar el tratamiento y que vuelva a salir mal, en fin que mi cabeza siempre está en movimiento. Después de todas las piedras que nos hemos encontrado en el camino, cada vez me resulta más difícil enfrentarme a un nuevo tratamiento. Al prinicipio empezamos con mucha energía, pero poco a poco, tras cada negativo, cada aborto, cada intervención quirúrgica, esas fuerzas han ido disminuyendo progresivamente, y últimamente me cuesta ver la luz al final del túnel, y luchar en la siguiente batalla con optimismo.

En los días grises, que son más de los que desearía, me inundan los pensamientos negativos, y no paro de preguntarme ¿ y si no puedo ser madre? ¿ y si no lo consigo?, de hecho esta pregunta martillea mi cabeza desde que iniciamos este proyecto. Después hay otro pocos días en los que intento ser positiva e imaginarme embarazada, en el momento del parto, jugando con el bebé, paseando con un carro del brazo de mi marido.. pero rápidamente aparto estos pensamientos de mi cabeza, casi como si no me los mereciera, como si tuviese miedo de que no fuesen a cumplirse jamás, como si tan solo fueran un espejismo. Quizás soy un poco exigente conmigo misma, y debería permitirme al menos soñar, vivir allí donde todo es posible, permanecer en ese letargo onírico donde nada es inalcanzable. Una vez leí que una chica compró un chupete antes de iniciar el tratamiento como fórmula para no perder el objetivo de vista, y que en los momentos de bajón sentía deseos de tirarlo. En mi caso, cuando paso por una tienda de puericultura tengo la tentación de comprar unos peucos, un chupete o algo que simbolice que todo puede materializarse, y que un día podrán ser usados por mi bebé, pero sabéis, no me atrevo, no quiero tener algo que me recuerde constantemente algo que no tengo y quién sabe si pueda tener, así que de momento prefiero disfrutar de esos pocos días en los que creo que mis sueños pueden hacerse realidad.

posible

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